fbpx

El Proyecto Humano Avanza Dolorosamente

Pero Está Bien

El Rabino Pitchon sobre el Covid 19

La muerte hace imposible que ignoremos nuestra vulnerabilidad e impotencia. Tratamos de desviar su efecto emocional pensando digitalmente: 1 … 10 … miles … cientos de miles … cuanto mayor es el número, menor es el dolor.

La contextualización es otra manera de tratar de atenuar el impacto de la muerte. El ritmo biológico, la edad, las circunstancias … A pesar de ello, cualquiera que haya perdido a un ser querido sabe que nada atenúa el vacío en nuestras vidas que nos niega el abrazar, hablar con nuestros seres queridos.

El equivalente a la devastación emocional que causa la muerte es el provocado por el miedo a morir. Lo que nos angustia es nuestra incapacidad de controlar la muerte.

Desde el principio, la humanidad recurrió a la religión para encontrar algún tipo de alivio al terror y la angustia causados ​​por la muerte. Lo encontró en la afirmación de que la religión sabía que la causa de la muerte estaba en el pecado. Teóricamente, ahora la muerte podría, si no ser prevenido, al menos manejada. Incluso cuando esta explicación falló, la religión mantuvo su atractivo afirmando que la muerte no es final.

Si aceptaramos, simple y llanamente, que morir debemos, realmente no importaría cuándo y la causa de la muerte. Pero, el proyecto humano siempre ha sido erradicar la muerte, particularmente la inesperada. Generación tras generación nos acercamos más a este objetivo identificando a nuestros enemigos con mayor precisión y neutralizándolos.

Las bacterias del siglo pasado fueron las asesinas, viruela: 3 millones, malaria, 1 millón. Luego, el mejoramiento de las reglas de higiene y profilaxis completadas por el descubrimiento de antibióticos agregó 30 años a la esperanza de vida humana. Si en 1900 la esperanza de vida promedio de las personas en muchos países del mundo era de 47 años en 2002, la expectativa ya se había convertido en 77 años.

Es cierto que nuestras heridas auto infligidas (adicción, degradación ambiental, pobreza, guerra y errores humanos, enfermedades degenerativas, cáncer) mantienen la erradicación de la muerte un sueño lejano. Hoy, sin embargo, estamos lo suficientemente bien posicionados para asegurarnos de que los virus no serán los que seguirán matándonos.

Increíbles grupos de talento humano y recursos tecnológicos en todo el mundo están enfocados en la erradicación de este flagelo. Se están preparando al menos 254 terapias y 95 vacunas para tratar al Covid 19 y el descubrimiento y la fabricación de vacunas y medicamentos panvirales capaces de enfrentar lo que pueda venir es totalmente factible y a un costo no mayor de $ 1 por cada ser humano sobre la tierra.

Si aún queda algún obstáculo importante, es el de la resolución humana, no su capacidad. La voluntad es un producto esquivo, uno que ha permitido mantener la puerta entreabierta a infecciones virales tales como el SARS, el Ébola y, ciertamente, el SIDA.

Covid-19 tiene todo el potencial para convertirse en un cambio de juego en la prevención de infecciones virales porque esta vez las lecciones de las epidemias anteriores parecen haber finalmente penetrado la psique humana. Las epidemias, al fin de cuentas revelan los valores de casa sociedad.

A pesar del esfuerzo de algunos gobernantes, quienes trataron de manipular la pandemia para obtener ganancias políticas, ha quedado bien claro que la experiencia y las instituciones son importantes y que existe una comunidad global.

La religión también está llegando a la comprensión de que la omnipotencia de Dios no se refiere tanto al poder de controlar sino al poder de habilitar. Los seres humanos tienen la capacidad y, con ella, la responsabilidad de hacer del mundo en el que vivimos un entorno menos perturbador y amenazador.

Si estas lecciones echarán raíces y cambiarán la forma como pensamos y cómo administramos el mundo en el que vivimos, depende de cada uno de nosotros. Ahora entendemos de que, por lo menos, tenemos el poder y la obligación de desempeñar un papel en la gestión la forma y el momento en el cual cada uno de nosotros ha de morir.

 Los gobiernos y los científicos cuentan con el apoyo de los ciudadanos para actuar de acuerdo con los conocimientos y experiencias que poseen. Sin embargo, corresponde a los habitantes del mundo prevenir que los juegos de culpar, los celos y las doctrinas teológicas mal concebidas, permitan arriesgar lo más precioso que poseemos: la vida.

“Lo que cuenta son las acciones, no la teoría”

“Tengo plena confianza que las principales instituciones de investigación de Israel, sus científicos de renombre mundial y nuestra cultura única de innovación nos permitirán desempeñar un importante papel  en el avance de la solución”, dijo Benjamin Netanyahu, el 4 de mayo del 2020, hablando en la videoconferencia Coronavirus Global Response. auspiciado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, Netanyahu prometió U$ 60 millones para la investigación de una vacuna.