fbpx

Isaiah

Isaiah- Chapter 6

When there is nobody to whom God can talk

Isaiah 6:10 makes one of the most baffling revelations one could have expect about God;

“Go and dull the mind’s of the people.

Stop its ears,

And seal its eyes

Lest, seeing with its eyes

And hearing with its ears,

It also grasp with its mind,

And repent and save itself         

            It does not say: try to open their minds, make them listen, try to save them. It says make sure they don’t see, they don’t hear, they don’t understand, they have an opportunity to change their life for good.

            This is very much what happened with Pharaoh in the time of Moses. To understand this passage from Isaiah then, it is important to recall whom the people of Israel had to confront in Egypt.

            Twenty times the hardening of pharaoh’s heart is referred to, in Exodus chapters 4 to 14.  As Nahum Sarna points out

“Ten times it is said that the pharaoh hardened his own heart (Exod. 7:13, 14, 22; 8:11, 15, 28; 9:7, 34, 35; 13:15) and ten times the hardening is attributed to God (Exod. 4:21; 7:3; 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4, 8, 17). Furthermore, it is not until the advent of the sixth plague that divine intervention begins (9:12). For the first five plagues the pharaoh’s obduracy is the product of his own volition. This is crucial to the theological issue, for it stamps the king as a callous, evil-minded person who must bear full responsibility for his iniquitous acts freely and knowingly perpetrated. The pharaoh’s culpability is established beyond doubt. He is not an innocent, blameless individual whose integrity is compromised, and finally subverted, by the intervention of Providence. He exhibits an obvious and willing predisposition to cruelty. […] In brief, the idea of God’s hardening the pharaoh’s heart is that He utilizes a man’s natural proclivity toward evil; He accentuates the process in furtherance of His own historical purposes “

            In the same vein Isaiah’s message is addressed to people whose heart, ears and eyes are already closed, in other words, to people one cannot talk to because they don’t want to understand, to listen, to reason. There is nobody whom God can talk to. There is not even for the possibility to bargain Abraham did in Genesis 18:22-23, to try to save Sdom.

            What we are reading in Isaiah, in a sense confirms of what our life experiences have taught us: there are just certain people you can’t talk to. They will never change their mind; they will never listen to any point of view other than the one they have told themselves.

            The implications of this “giving-up” of God, as a model, for human relations is staggering. The TaNaKh is confirming to us in theological terms what folk wisdom means when it says: “you can lead a horse to water but you can’t make it drink.”

            We are baffled, however, because we would have expected God to show more patience and fortitude than what human beings have. But, we certainly would not have expected Him to actively encourage exacerbating human obduracy.

            We are not alone thinking that way. The prophet Jeremiah, among others, accuses God in no uncertain word to have contributed to human misguided ideas and behaviors:

” Surely You have deceived this people…” (Jeremiah 4:10),

or in the words of I Kings 22: 23 of putting a lying spirit in the mouth of all these prophets of yours …

            The message we are getting from the TaNaKh is:  God does not relieve human responsibility from the consequences of their own bad decisions, He  requires honest reflection and self- examination to insure life from destroying itself.

        The heavens belong to the Lord, but the earth He gave over to man. (Psalm 115:16).

This is the message and one of the main terms of the covenant, the “brit” between God and Israel. In fulfilling His part in the covenant non- interference in human affairs, God assures Israel through messengers such as Isaiah, that tied as His “hands” maybe in the present, He looks to future generations, who may be more prone to understands, to listen, to see.  In spite of the “there’s nothing that can be done” attitude towards the present. In spite of the conclusion that there’s nobody with whom to talk conclusion. As in the case of Isaiah’s generations, almost 3,000 years years ago, despite the twice destruction of the Judean State and its leadership, there is again a new Israel.

            The message here should be loud and clear: God’s pressence is an assurance that there always will be a future, not a condonation of misguided and close minded reasonings. God has little patience for those with self- destructive reasonings who only listen to those who agree with them. Present life has no other guarantees than those provided by sound human reasoning and understanding. The existence of false prophets and false prophecies is God’s testing to insure human compliance of the covenantal terms.

Rabbi Moshe Pitchon

Cuando Dios no Tiene Con Quien Hablar

Isaías 6:10 es una  desconcertante revelación acerca del accionar divino.

“Haz insensible el corazón de este pueblo; embota sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea con sus ojos, oiga con sus oídos, y entienda con su corazón,  y se convierta y sea sanado. (Isaías 6:10).”

No dice: trata de abrir sus mentas, hazlos escuchar, trata de salvarlos. Dice: asegúrate que no escuchen, que no entiendan, que no tengan la oportunidad de cambiar sus vidas para bien.

            Esto es muy similar a lo que ocurrió a Faraón en los tiempos de Moisés. Para comprender este pasaje de Isaías, es importante, por lo tanto, recordar quién confrontaba al pueble de Israel en Egipto.

            El endurecimiento del corazón de Faraón, es mencionado veinte veces en los capítulos 4 a 14 del libro de Éxodo. Como lo señala Nahum Serna:

“Diez veces se dice que Faraón endureció su propio corazón (Éxodo. 7:13, 14, 22; 8:11, 15, 28; 9:7, 34, 35; 13:15) y diez veces el endurecimiento es atribuido a Dios (Éxodo. 4:21; 7:3; 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4, 8, 17). Más aún, no es hasta la sexta plaga que la intervención divina comienza (9:12). Durante las primeras cinco plagas la obduración del Faraón  es producto de su propia volición. Esto es crucial para el tema teológico, porque estampa al rey como malvado  insensible que debe cargar con toda la responsabilidad por sus actos injustos los que han sido  perpetuados libremente y a sabiendas. No existen dudas acerca de la culpabilidad del Faraón. No es un individuo inocente, sin culpabilidad, cuya integridad es comprometida y finalmente subvertida por la intervención de la Providencia. Exhibe una obvia voluntaria predisposición hacia la crueldad. […] En síntesis, la idea de Dios endureciendo el corazón de Faraón es que utiliza la proclividad natural hacia el mal de un ser humano y acentúa el proceso para fomentar Su propio propósito histórico.”

            De la misma manera, el mensaje de Isaías está dirigido a gente cuyo corazón, oídos y ojos ya están cerrados. Estas son las personas con las cuales Dios no puede hablar porque no quieren comprender, escuchar, razonar. No existe aquí siquiera la posibilidad de negociar, como Abraham lo hizo en Génesis 18:22-23 cuando trataba de salvar a Sodoma.

            Lo que estamos leyendo en Isaías,  confirma de cierta manera lo que las experiencias de nuestras vidas nos han enseñado: hay cierta gente con la cual simplemente no se puede hablar. Nunca van a cambiar su manera de pensar; nunca van a escuchar  ningún punto de vista otro que el que se han contado a sí mismos.

            Las implicaciones como modelo de este “alzar- las- manos en alto” de Dios, es preocupante para las relaciones humanas. El TaNaK nos está confirmando teológicamente lo que la sabiduría popular quiere significar cuando dice: “Puedes llevar un caballo al agua, pero no puedes obligarlo a beber.”

            Nuestro desconcierte surge porque, hubiéramos esperado que Dios demostrara más paciencia y fortitud que la que tienen los seres humanos. Ciertamente no esperábamos que activamente  alentara y exacerbara la obduración humana.

            No somos los únicos que pensamos de esta manera. El profeta Jeremías, entre otros, acusa a Dios en términos no poco inciertos de haber contribuido a  las ideas y comportamientos errados de los seres humanos:

«¡Ah, Señor mi Dios, cómo has engañado a este pueblo” (Jeremias 4:10), o en las palabras de 1 Reyes 22:23, “el Señor ha puesto un espíritu mentiroso en la boca de todos esos profetas”

            El mensaje que recibimos de los libros que constituyen la literatura fundacional del pueblo judío, es que Dios no exime a la responsabilidad humana de las consecuencias de sus propias malas decisiones. Dios requiere reflexión honesta y auto- examen para asegurar que la vida no se auto- destruya.

            “Los cielos son los cielos del Señor; y ha dado la tierra a los seres humanos (Salmos 115:16).

Este es el mensaje y uno de los   principales términos del pacto, del “brit” entre Dios e Israel. En cumplimiento de su parte del pacto, Dios no interfiere en los asuntos humanos.

A través de mensajeros como Isaías, “atadas como sean sus manos” en el presente, Dios mira a las generaciones futuras con la esperanza de que podrán mostrar mayor propensidad a la comprensión, a escuchar,  a ver, aún cuando la conclusión del momento sea de que  hoy no hay con quien hablar. Ya que las palabras de Isaias fueron registradas hace casi tres mil años atrás, y a pesar de las destrucciones que se sucedieron a través de la historia, la existencia actual del pueblo judío valida la visión de Isaias.

            La presencia de Dios es una seguridad de que habrá un futuro, no una condonación de mentes equivocadas y cerradas. La vida presente carece  de otras garantías que las proveídas por un razonamiento lógico y sensato.

La existencia de falsos profetas y de profecías falsas es un obstáculo divino para asegurar que el ser humano cumpla con los términos del pacto, demostrando capacidad de pensar y actuar a favor de la vida humana, no en contra de ella.

Rabino Moshe Pitchon