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Rabbi Moshe Pitchon

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Reading the TaNaKh in the 21st century

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El primer día después de Rosh Hashaná (3 de Tishrei), es un día de ayuno para recordar el asesinato por razones políticas de un judío en manos de otro

Aunque el evento ocurrió hace más de dos mil quinientos años atrás, el ayuno es una advertencia de que los momentos históricos no son hechos del pasado sino notas a pie de página sobre la incapacidad de la naturaleza humana de aprender de sus deficiencias.

Además del ayuno del amanecer al anochecer, las oraciones especiales y la lectura de la Torá enmarcan la conmemoración. Una razón probable por la que los judíos no ritualmente inclinados ignoran esta debería-ser-lección de las experiencias judías. Pero incluso dentro del entorno de la sinagoga, la tendencia a lo largo del tiempo ha sido la de minimizar un momento que ha sido comparado por no pocos con el asesinato de Itzjak Rabin en 1995.

En el verano de 587 A.E.C., después de un devastador asedio de dos años, la ciudad de Jerusalén cayó en manos de los babilonios.

Nueve años antes, el rey Sedequías de Judá, atrapado entre los dos imperios más grandes de la época, había firmado un tratado prometiendo al gobernante babilónico “que seguramente conservaría el país para él y no intentaría ningún levantamiento ni mostraría amistad con los egipcios”. Sin embargo, ahora, renegando su juramento, se rebeló contra los babilonios provocando que destruyerab Jerusalén y exiliando a miles de judíos en lo que es uno de los eventos más significativos en la historia judía.

No está claro qué empujó a Sedequías a cambiar de posición y rebelarse. Las Escrituras Hebreas, el TaNaKh, no ofrecen ninguna explicación que nos proporcione pistas sobre por qué la jerarquía política de Judea pensó que tenía una oportunidad de éxito. El caso es que el rey Sedequías sucumbió a los deseos de la facción dentro de su gobierno que favoreció el desprendimiento del yugo de Babilonia, creando las trágicas consecuencias.

Nunca más Judá sería gobernada por un rey davídico, y durante un largo período, hasta 1948, Judá no sería un estado independiente del control extranjero (excepto por un breve período bajo los Macabeos en el siglo II A.E.C.).

Los babilonios, sin embargo, no tenían la intención de destruir Judea, su objetivo se limitaba a evitar que los judíos se rebelaran nuevamente. Así que, el mismo día en que Jerusalén fue destruida, el general babilónico responsable del ataque nombró a un miembro de una prominente familia de Judea, Guedalia, hijo de Ajicam, hijo de Safán, conocido defensor de una política pro babilónica bajo el régimen depuesto, como administrador del país.

Aunque Guedalia no era miembro de la familia davídica, con él había comenzado la restauración del país. El apoyo que le dio el profeta Jeremías y el pueblo de Judá en general sugiere que grandes segmentos de la población estaban dispuestos a aceptar un monarca no davídico. Los judíos de las áreas vecinas que habían huido del país regresaron y se sometieron a la autoridad de Guedalia.

Las políticas de Guedalia estaban destinadas a proporcionar pan y puestos de trabajo. Restauró las producciones agrícolas y el suministro de alimentos de la población a una velocidad asombrosa. La amarga respuesta de los antiguos propietarios deportados a Babilonia sugiere que Guedalia vio la redistribución de la tierra desde la perspectiva de la reforma social deuteronómica.

Varios príncipes y princesas de sangre real que habían huido a los países vecinos durante la conflagración, regresaron bajo Guedalia. Entre ellos, Ismael ben Netanías, quien fue nombrado “uno de los principales oficiales” de Guedalia.

Después de solo un breve período en el gobierno, Ismael asesinó a Guedalia. Los babilonios entonces no nombraron a un nuevo gobernador judío poniendo fin de esta manera a las esperanzas de incluso una pequeña medida de independencia de Judea.

Al conmemorar el asesinato de Guedalia, el calendario judío marca la destrucción final de la Primera Mancomunidad Hebrea. Como escribió el historiador Solomon Grayzel: “Los judíos mismos completaron lo que los babilonios habían comenzado”.

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